Corazón de perro, de Mijail Bulgákov
Traducción del francés por Berta de Tabbush
pág. 5
Es una época que queda bien ser un poco marxista, casi todo el mundo es un poco de marxista, y los marxistas, bien mirado, no están nada mal, está bien el marxismo, arreglará los problemas del mundo. Así le va a latinoamérica, sacándose el polvo abyecto de la derecha, y hasta la literatura quiere ser un poco marxista, o al menos de izquierda, como si tuviera brazos, en fin, con Marx y Petras, con Abimael Guzmán Reynoso y los Jemeres Rojos, con Lenin y Platón y Todo, parece que el marxismo está floreciendo en Latinoamérica, y también Lugo quiere ser un poco marxista y eso está bien. Bulgakov vio cuando Rusia estaba volviéndose marxista y le pareció bien, como a los cubanos de los 60. Marx tiene la barba más larga que Matusalén. ¡Qué bobos los marxistas! Creyeron que la barba era marxista, ¡pero la barba de Marx es la barba de Shylock! El capital debe leerse en clave levítico, y se lee así, y es, hay que decirlo, ¡un libro tan sabio! Decía Althusser, en su introducción al capital, que los burgueses no podrían leer este libro, pues están genéticamente condicionados a no entenderlo. Y bien, siempre he sido pobre y lo he entendido por completo. De cabo a rabo, y es oscuro e iluminador, todo eso, etc. Sin embargo, entender a los marxistas-stalinistas, ni Marx. Pues Bulgákov lo intentó también y en un intento de comprensión los parodió. Novelas, teatro, un montón de textos, casi todo quemado por los comits, pues su espejo no les gustó mucho. A los estalinistas no les gusta el espejo. Marx usaba barba para ocultar la cara. Lenin bigote y Stalin era petiso. Qué antipático Lenin. La antipatía, como la barba, es la máscara universal marxista. El universalismo, esa cosa esplendente, teoría magnífica, uno no puede más que admirarla. La revolución, por suerte, no es solo marxista, y, por suerte, Marx existe a pesar de los estalinistas, y uno puede usar barba sin dramatizar el asunto, por puro hobbie. Bulgákov no le cayó bien a Stalin. Fue aporreado, humillado, maldestamisado, blochisado, tsvietaievaisado, beberovisado, etc. Como Haroldo Conti por los milateres, como Walsh, como Lorca, Reinaldo Arenas, José Asunción Flores, Ken Saro Wiwa, Janusz Korczak, Raúl Rivero, Pasternak, muchos, demasiados. El marxismo es universalista, ergo totalitarista. No puede uno cagarse en solo unos pocos, ¡hay que cagarse en todos! Marxismo clásico, claro, pues hay los que no son así, pocos, pero son. El totalitarismo marxista es una puta mierda. Bulgakov lo vivió. Es Nazi. Castrista. Es Bush, Obama. Bin laden. Nambré. Entonces Bulgákov hace que un médico le ponga testículos e hipófisis humanos a un hermoso perro llamado Bola. Es un perro noble, puro corazón, que sabe de la miseria, perro lumpenproletario, es un perro para el que Marx escribió el capital y que por decencia no se hubiera hecho nunca marxista-estalinista. Hubiera leído a Malatesta, Giordano Bruno, a Bakunin. Víctor Raul Haya de la Torre. ¡A Mariátegui! Incluso a Oscar Creydt, para pasar el rato. Pero bueno, le tocó el pre-estalinismo ruso que era ya estalinista. Y tenía humor el perro. Y se convirtió en un perfecto imbécil, aunque, eso sí, puro stirneriano. Hasta que poco a poco es "educado" por los miembros del comite anti lumpenproletariat. ¡El perro es el pueblo ruso! Lame la mano del amo, y lo llama Dios, porque este le da un pedazo de pan, ¡un chorizo! El perro es el prole latinoamericano, ergo el perro prole es E. R. También he peleado por mi pedazo de chorizo. Por un trabajo de telmárketer he mamado unas cuantas vergas. Mamar vergas es un gran atajo para vivir con el alquiler pago. El hombre puta, el objeto de deseo capitalizado benjaminiano, el propaganda en sí mismo, la mujer igual, perfect@ paraguay@ en Buenos Aires. Es más, ¡es la imagen d@l porteñ@ en Buenos Aires! Toda persona normal chupa vergas o se deja chupar. Pero no todo el mundo es marxista, por suerte, pues los marxistas primero te harían participar del comité anti-lumpenproletariat y esto sería una mierda. Bulgakov, decía, hace que un médico, como un demagogo iluminado, dé chorizo a un noble perro prole y lo opere. El perro empieza a cambiar fisiológicamente. Se vuelve un hombre, un imbécil, vienen los del comit, etc. Todo mal. Hay una parábola, un mensaje, y es que el corazón de un perro es siempre más noble que el de un marxista (estalinista).
Es un libro dulce, sabio, de agradabilísima lectura. Casi tanto como el capital.
pág. 9
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