jueves 3 de diciembre de 2009

Corazón de perro, de Mijail Bulgákov

Juan Goyanarte Editor, Buenos Aires 1973.
Traducción del francés por Berta de Tabbush



"La tormenta llega hasta el portal,
gritándome su plegaria de los agonizantes
y yo grito al mismo tiempo."
pág. 5


Es una época que queda bien ser un poco marxista, casi todo el mundo es un poco de marxista, y los marxistas, bien mirado, no están nada mal, está bien el marxismo, arreglará los problemas del mundo. Así le va a latinoamérica, sacándose el polvo abyecto de la derecha, y hasta la literatura quiere ser un poco marxista, o al menos de izquierda, como si tuviera brazos, en fin, con Marx y Petras, con Abimael Guzmán Reynoso y los Jemeres Rojos, con Lenin y Platón y Todo, parece que el marxismo está floreciendo en Latinoamérica, y también Lugo quiere ser un poco marxista y eso está bien. Bulgakov vio cuando Rusia estaba volviéndose marxista y le pareció bien, como a los cubanos de los 60. Marx tiene la barba más larga que Matusalén. ¡Qué bobos los marxistas! Creyeron que la barba era marxista, ¡pero la barba de Marx es la barba de Shylock! El capital debe leerse en clave levítico, y se lee así, y es, hay que decirlo, ¡un libro tan sabio! Decía Althusser, en su introducción al capital, que los burgueses no podrían leer este libro, pues están genéticamente condicionados a no entenderlo. Y bien, siempre he sido pobre y lo he entendido por completo. De cabo a rabo, y es oscuro e iluminador, todo eso, etc. Sin embargo, entender a los marxistas-stalinistas, ni Marx. Pues Bulgákov lo intentó también y en un intento de comprensión los parodió. Novelas, teatro, un montón de textos, casi todo quemado por los comits, pues su espejo no les gustó mucho. A los estalinistas no les gusta el espejo. Marx usaba barba para ocultar la cara. Lenin bigote y Stalin era petiso. Qué antipático Lenin. La antipatía, como la barba, es la máscara universal marxista. El universalismo, esa cosa esplendente, teoría magnífica, uno no puede más que admirarla. La revolución, por suerte, no es solo marxista, y, por suerte, Marx existe a pesar de los estalinistas, y uno puede usar barba sin dramatizar el asunto, por puro hobbie. Bulgákov no le cayó bien a Stalin. Fue aporreado, humillado, maldestamisado, blochisado, tsvietaievaisado, beberovisado, etc. Como Haroldo Conti por los milateres, como Walsh, como Lorca, Reinaldo Arenas, José Asunción Flores, Ken Saro Wiwa, Janusz Korczak, Raúl Rivero, Pasternak, muchos, demasiados. El marxismo es universalista, ergo totalitarista. No puede uno cagarse en solo unos pocos, ¡hay que cagarse en todos! Marxismo clásico, claro, pues hay los que no son así, pocos, pero son. El totalitarismo marxista es una puta mierda. Bulgakov lo vivió. Es Nazi. Castrista. Es Bush, Obama. Bin laden. Nambré. Entonces Bulgákov hace que un médico le ponga testículos e hipófisis humanos a un hermoso perro llamado Bola. Es un perro noble, puro corazón, que sabe de la miseria, perro lumpenproletario, es un perro para el que Marx escribió el capital y que por decencia no se hubiera hecho nunca marxista-estalinista. Hubiera leído a Malatesta, Giordano Bruno, a Bakunin. Víctor Raul Haya de la Torre. ¡A Mariátegui! Incluso a Oscar Creydt, para pasar el rato. Pero bueno, le tocó el pre-estalinismo ruso que era ya estalinista. Y tenía humor el perro. Y se convirtió en un perfecto imbécil, aunque, eso sí, puro stirneriano. Hasta que poco a poco es "educado" por los miembros del comite anti lumpenproletariat. ¡El perro es el pueblo ruso! Lame la mano del amo, y lo llama Dios, porque este le da un pedazo de pan, ¡un chorizo! El perro es el prole latinoamericano, ergo el perro prole es E. R. También he peleado por mi pedazo de chorizo. Por un trabajo de telmárketer he mamado unas cuantas vergas. Mamar vergas es un gran atajo para vivir con el alquiler pago. El hombre puta, el objeto de deseo capitalizado benjaminiano, el propaganda en sí mismo, la mujer igual, perfect@ paraguay@ en Buenos Aires. Es más, ¡es la imagen d@l porteñ@ en Buenos Aires! Toda persona normal chupa vergas o se deja chupar. Pero no todo el mundo es marxista, por suerte, pues los marxistas primero te harían participar del comité anti-lumpenproletariat y esto sería una mierda. Bulgakov, decía, hace que un médico, como un demagogo iluminado, dé chorizo a un noble perro prole y lo opere. El perro empieza a cambiar fisiológicamente. Se vuelve un hombre, un imbécil, vienen los del comit, etc. Todo mal. Hay una parábola, un mensaje, y es que el corazón de un perro es siempre más noble que el de un marxista (estalinista).
Es un libro dulce, sabio, de agradabilísima lectura. Casi tanto como el capital.


"-Chist, chist, pequeña bola, pobre bola, ¿por qué gimes, quién te hizo daño?
pág. 9



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sábado 28 de noviembre de 2009

La última escala del TRAMP STEAMER, de Álvaro Mutis; y El Baile, de Irène Némirowsky


"La última escala del TRAMP STEAMER", de Álvaro Mutis. Ediciones El equilibrista, México DF, 1988. " El Baile, de Irène Némirowsky, Muchink Editores, Barcelona, 1987. Traducción de Magdalena Guilló.


1
Tenía tantas ganas de leer estos libros. Realmente contento me puse de encontrarlos: la ucraniana costó 3 pesos y la del colombiano 6. Gangas, me dije. Además, las ediciones preciosas, especialmente la de Mutis, que es un primor para tocar y tocar. ¡Hasta huele bien! De ahí no hay más.
Mutis empieza bien, muy bien, hasta la mitad, con una prosa que paulatinamente va volviéndose cursi al narrar una historia de Corin Tellado, con chico lindo y mujer bella, exóticos ambos, con barco, etc. Probablemente Corin Tellado hubiera escrito mejor esta historia. "El baile" es un cuento largo que habla de una narradora prodigiosa, con una historia muy chejoviana, escrita sin intención de que deje de ser Chéjov, pero siéndolo igual bastante; y de paso se entrevé una Colette de fin de semana. Sin embargo, hay una película, y debe estar buena, pues es muy visual el libro. Ambos, hay que decir, tienen buenas posibilidades de escribir buenas novelas. Así que deben poner un poco más de empeño y les irá mejor. Quizá Mutis, en el cielo de la vida burguesa encuentre la inspiración; en la biblioteca de casa hay un par de tomos del Gaviero esperando. Y Némirowsky, en los caros ejemplares de Salamandra quizá haya hecho algo mejor antes de ir, innecesariamente, a parar a un campo de concentración, que fue una costumbre bastante despreciable de varios escritores judíos durante la segunda guerra mundial. ¡Como si no tuvieran mejor que hacer!

2
Bueno, puestos a competir, pues si uno no es mejor no tiene derecho a criticar, he aquí un retruco de producción propia:

El post-baile en el Train Steamer, por E. R. (resumen argumental)

Un adolescente de Basavilbaso, provincia de Entre Ríos, de ascendencia judía como muchos de la región, ve pasar una y otra un vez el tren, que hace el trayecto que va de Buenos Aires a Misiones. El tren es interminable y viejo, va trastrabillando como borracho sin popa por los paisajes del norte guiado por una obstinación sin remedio. El adolescente se llama Joven Jung y semanalmente va la estación de su pueblo a mirarlo pasar. Sueña con alguna vez realizar en él un viaje a la capital. Para tal objeto, ha ahorrado como peón de campo en el tambo del padre, que es, como se debe, un ricachón pro-soja que anda pensando y pensando despedir a sus vacas y plantar en sus tierras. Al cumplir 17, Joven consigue plata y oportunidad para ir a Buenos Aires: se casa su hermano con una porteña. Le proponen viajar en coche, con la familia, pero Joven insiste en tomar el tren. Además, arguye, un tío es cocinero en el tren. Familia acepta.
Parado en el andén, viendo llegar al tren, Joven reflexiona: "Es cuestión de presunción. Son invisibles los remos del TRAIN. Es por eso que han dicho sí. Voy a llegar mi OT (objeto transicional) conmigo, así evito medias sombras. Es sorprendente cómo mira el sol. ¡Amarillo! Ya está llegando el tren.
Repleto de turistas cansados, en el andén se posa el gusano tembloroso, mojado de vapor y humedad recogidos en Misiones. Los turistas son porteños ojerosos, que los últimos días estuvieron suspirando frente a las cataratas de Yguasu (aguas grandes). Joven sube a un vagón de clase media. Lleva a su OT bajo el brazo y va vestido con su mejor y más moderno atuendo: cinturón con tachas sobre un overoll gris, y va con un esmerado peinado que apenas le deja libre medio ojo. Sus sandalias están destruidas, puede sentir cada breve ondulación bajo las plantas de los pies. Se para en el pasillo y ve muchas caras jóvenes que lo mirar indiferentes, y reflexiona: "El problema de Mutis radica en su nombre. Desde los griegos se sabe que los nombres nos condicionan. Lo mejor de su novela son las peripecias de su vida, pero cuando más interesante está, hace mutis y le da paso a un cursi que relata una historia basura. ¡Escobar!"
Todavía mirando a los pasajeros, Joven se calza oscuros anteojos y con expresión melancólica se despide de su pueblo.
Y el tren se va, hay paisaje y todo eso, etc.
En la tarde, cerca de los límites provinciales, se acercan a Joven dos chicas post-hippie. Lo invitan a una fiesta que está empezando en el último vagón. Joven las mira de reojo y reflexiona: "La condición del baile, atributo muy apreciado por el Dios de David, es que activa las articulaciones del cuerpo y el alma y el mundo entero. El baile es el gran aceite. Compartir un baile es untarse mutuamente lubricantes. Invitar a bailar es ofrecer manos resbalosas y apasionadas." Y con ojos llorosos, Joven jura que irá al baila. Las chicas le dicen que no es para tanto, que solo cumplen con una cuestión de buena onda. Joven le ofrece su OT a las chicas y estas lo toman y se lo llevan al fondo del tren.
Y pasan más peripecias y bailan y la gente se divierte, pues la gente es Joven y ahí, al darse cuenta de la situación en que está, Joven entra en crisis. Está primorosamente bailando con una chica francesa de 14 años, que vino a parar quién sabe como al tren. "Soy Antoinette, te digo, Joven. Es mi nombre. Antoinette. An-tuá-no-ne-tt-e. Oi tanto este. Bailamos más." Y Joven, le pregunta: "¿Alguna vez has tenido padres?" Y Antoinette: "Oh sí, dos, muy convencional. Mi madre una vez organizó un baile, como este, y no vino nadie, porque no me dieron ganas que venga alguien. Yo soy, etc." Sigue la chica.
Y así bailando, Joven reflexiona: "Némirowsky acertó tanto tanto, antológicamente, en el último párrafo del su primera novela, ahí donde dice que madre e hija se encuentran, como en cambio de posta de generaciones, en el descenso de la primera y el ascenso de la segunda. Como un globo que se eleva para reventar de tanta atmósfera leve." Y mientras la chica habla como quién nunca ha podido, Joven recuerda a su objeto transicional. El tren se tambalea y para en una estación vacía.
"¡Se acabó el baile!", gritan en el último vagón. Y cuando busca a su pareja, Joven se da cuenta de que está solo, en su asiento del principio, allí donde subió. Igual que cuando subió. La misma hora. El tren está todavía por partir. Y allí decide no ir, pues sabe lo que podría encontrarse. Recoge rápido sus cosas y baja. Ya en el andén, contento por la determinación, se da cuenta de que no tiene consigo su OT.
"¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!", se desespera Joven. Y en un salto intenta meterse al tren por una ventana, pero por el ojo no puede ver bien y choca contra el marco. El tren se va, Joven desesperado le baila al andén.
"¿Qué va a ser de mí? ¿Dónde está mi OT? ¿Dónde están los OTs del mundo!", llora Joven, y está solo.
Luego camina hasta su casa y se come un pedazo de queso intentando recordar qué era su OT.





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miércoles 18 de noviembre de 2009

Toda la vida, de Alberto Savinio


Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983.
Traducción de Antonio Bonnano.
....Leer aquí...



“…una ciudad en medio del campo ilimitado y fumoso de cáñamo”
Pág. 7


Un punto interesante de Savinio, que ya de por sí despertaría interés por sus libros, es que fue el hermano menor de Giorgio de Chirico. Pero si por esas cosas de la vida, hubiera conocido primero los libros de Savinio, hubiese querido ver qué pintaba el tal Giorgio de Chirico, hermano del escritor.
Nacidos en Grecia los dos, artistas freaks, descendientes de Parménides, hiper-intelectuales, solemnes y coloquiales a la vez, vestidos de piedra, encendiendo un largo pucho con la antorcha olímpica, esa que no se apaga más.
Pero bueno, el escritor. Gogoliano, surrealista, romántico. Este libro reúne 23 cuentos cortos, pertenecientes a Toda la vida (1945) y algunos que se publicaron recién a la muerte del autor.
Hay un cuento llamado “Pianista blanco”. El narrador ve cómo la luna baja hasta el piano que tiene en la casa y empieza a tocar: «El viejo piano el gran labio negro sobre la dentadura amarillenta, como un asmático que busca aire para masticar, y desde el fondo de su tórax las cuerdas enviaron un lamento tristísimo que extendió largamente en la suave paz de la noche». Y el narrador no ve mejor cosa que hacer que mirar al pianista, cuyos «bigotes blancos se curvaban sobre el labio, entraban en la boca, como si el pianista blanco se nutriese de su propio pelo».
Pues, digamos, Savinio da la impresión de escribir así, petrificado bajo la luz lunar. Aúna la poesía clásica con imágenes surrealistas, la fantasía metafísica con el despliegue existencialista, y el relato trivial y el boceto.

Apéndice
Los relatos “Miedo en la Scala” (1949), de Dino Buzzati y “Concierto privado” (1945), de Alberto Savinio comparten un miedo común: la invasión en el ámbito culto y remilgado de los conciertos de música clásica, terreno aristócrata y bobo (bourgeois-bohême).
En el relato de Buzzati, durante un concierto en la Scala de Milán se oyen rumores de una revolución; los ricachones del público entran en pánico y se repliegan en los rincones del teatro, esperando lo fatal. Pasan las horas; los más cobardes buscan alianzas que los protejan, se venden entre sí, planean ocupar algún cargo, mantener sus privilegios o aumentarlos. El ambiente es opresivo, lleno de humor, kafkiano, irónico. Los supuestos revolucionarios que asistieron al concierto empiezan a envalentonarse, los ricos juntan lo que tienen para pagar su no-degollamiento. Pasa la noche. La revolución no se produce. Lo único que hay en un gran despliegue de cobardía. Uno de los personajes, no aguatándose más, sale a la calle. Se escucha una detonación y cae en plena vereda. Silencio expectante de la gente del teatro que pavorosamente observa. Luego el caído se levanta y simplemente va a casa.
El relato sirve como excusa para describir una clase social que a pesar de todos sus privilegios, es frágil, sin sangre, bobalicona; las maneras no enseñan a empuñar un arma de defensa. Lo único que tienen es dinero, y son pocos y se odian entre sí. Viven amparados en su dinero, protegidos por él. Los pobres y revoltosos son un enemigo temido: saben los ricos que con solo organizarse un buen día pueden hacerse con ellos y vengarse. Los pobres son los bárbaros de Atila, pero ¿dónde está Atila?
Atila está ahí, mirando, y lo saben.
Por su parte, el protagonista de “Concierto privado” asiste a una velada en casa de un extravagante y melómano aristócrata romano. Como en Buzzati, hay descripción de maneras, sostenidas en el vacío. La atracción de la noche es una bailarina y cantante musulmana. La mujer empieza a cantar una canción hipnótica y salvaje y se abre la puerta y entra Mahoma con una cohorte de bárbaros. Empiezan a cortar cabezas, hay sangre por todas partes, el profeta rapta mujeres para su harén. El público del concierto, en lugar de defenderse, está tan horrorizado por la crueldad de los musulmanes que se esconde tras sofás, bajo mesas, etc. Un despliegue de inoperancia y temor a lo no elegante.
En este caso, es el oriente desconocido, con maneras extrañas, la que invade el cerrado y frágil ambiente de la refinada cultura europea.
Pero el fondo es el mismo: la invasión de lo bestial en casa de la elegancia.
Pero una lectura más correcta sería esta: la música es profundamente punki, animal, etc. Cada vez que es evocada, aunque sea por músicos de frac entonando a Sibelius, se abre el agujero negro de lo desconocido, que nos ataca desnudándonos primero, luego devorándonos. Nada hay más absurdo que querer encasillarla en códigos de comportamiento exquisitamente pulidos.


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viernes 6 de noviembre de 2009

Lecturas porteñas de octubre

Esta lista corresponde a los libros y lector@s encontrados en los viajes que realizó este servidor de aquí para allá, que no fueron muchos pero fueron, durante el mes del reinado de Karai Octubre. La conclusión es que sigue habiendo lectores y está bueno, porque habrá abundancia de lecturas lo que resta del año. Y otra conclusión es que leen más mujeres que hombres, y que Isabel Allende se lleva el premio al best seller del mes.



Dibujo Charles Da Ponte

-16 hs. "La ciudad de huesos", de Michael Connelly. Hombre oriental, pelado, aprox. 40 años, gordo y bajo. Subte. B
-16:30 hs. "El caballero de la armadura oxidada", de Robert Fisher. ¡Edición 54! Hombre, morocho, barba y anteojos, aspecto intelectual. Aprox. 26 años. Subte B.
-08 hs. "Religión y ciencia", de Bertrand Russell. Moi. Subte B.
-09 hs. "Crepúsculo", de SM. Mujer delgada, remera roja, aprox. 22 años. Subte C.
-08:18 hs. "Las viudas de los jueves", de Claudia Piñeiro. Mujer morena, aprox. 28 años. Subte B.
-17:30 hs. Antología de historietas de Maitena. Mujer morocha, tetas grandes. Lectora feliz, no paraba de reir. Apox. 25 años. Subte D.
-16:15 hs. Antología de algo, Manting, muy lejos para ver bien. Mujer, aprox. 65 años, pelo corto, con ondas; masca chicle y lee atenta. Subte. D.
-16:15 hs. "Origen mitológico de los pueblos", de María Delia Solá. Mujer, reflejos rubios, 27 años, manos fuertes, complexión atlética, piercing en la nariz. Subte D.
-16:20 hs. Libro de Marcos Aguinis, tapas color lila. Mujer, 48, pelo liso corto; lee parada, luego se sienta y sigue leyendo. Subte D.
-08 hs. "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera. Hombre, rapado, 40 años, de sport, complexión atlética. Subte B.
-08:50 hs. "América", de Norman Mailer, libro enorme, gordísimo, intimidador. La lectora es una mujer muy flaca, rulos desordenados, morena, 25 años. Subte C.
-14 hs. "Cesárea", de JJ Benítez. Mujer, pelo teñido color caoba, remera y bolso violeta, 40 años, seria. Subte B.
-11:10 hs. "El extranjero", de Camus. Mujer adorable, 30 años, bajita, morocha, rulos ordenados. Tren Sarmiento.
-11:14 hs. Revista Lire, con un artículo sobre Proust en la tapa. Señora, 50 años, aspecto de directora de escuela. Tren Sarmiento. Gracias, N.
-11 hs. Revista Rolling Stone. Mujer, 25 años, etc. Tren Sarmiento.
-14 hs. Antología de poemas de Ambra Popa. Turista yanqui, hombre, 35 años. Subte B.
-14 hs. Anita algo, novela de alfaguara de bolsillo. Mujer, 45 años, pelo negro corto, moderna, vestida de negro, atractiva. Subte B.
-06:53 hs. "Rosas bajo fuego", de Jorge Daniel Gelman. Mujer, 55 años, anteojos, elegante, con bolsa de cosméticos en la misma mano que el libro. Subte B.
-07:05 hs. "Operación oro", de Wilburg Smith. Señora, 55 años, rulos, anteojos, hiper concentrada. Subte C.
-14 hs. "Mujeres", de Eduardo Galeano. Mujer, 55 años, anteojos, de buen humor. Subte D.
-18:40 hs. "La genealogía de la moral", de Nietzsche. Hombre, 25 años, pituco, peinado impecable, corbata aflojada. Colectivo 105.
-18:05 hs. "Foucault para principiantes". Mujer, 20 años, gorda, pelo corto de rulos, morena, anteojos de marco grueso; seria. Colectivo 166.
-08:50 hs. "La fiesta del chivo", de VLL. Mujer, 32 años, morena, rulos, abrigo verde. Subte B.
-08:35 hs. "Imperio", de Michael Hardt y Antonio Negri. Hombre, 48 años, barba canosa, traje azul oscuro, atractivo. Colectivo 151.
-09 hs. "La isla bajo el mar", de Isabel Allende. Mujer, 30 años, pelo negro liso, largo, muy bronceada. Subte D.
-08:40 hs. "La amante de Bolzano", de Sándor Márai. Hombre, 60 años, cabellos grises, reconcentrado en la lectura. Colectivo 168.
-09 hs. "El paraiso en la otra esquina", de Vargas LLosa. Hombre, 30 años, rulos al ras, barba, flaco, moreno. Subte B.
-09 hs. "Papeles inesperados", de Julio Cortázar. Mujer, 38 años, pelo castaño oscuro, peinado a lo flogger, vestida de azul, muy pálida, rellenita pero armoniosa. Subte B.
-16 hs. Copilación de El Enternauta. Hombre, 27 años, robusto, vestido de negro. Subte D.
-16 hs. "Las viudas de los jueves", de Claudia Piñeiro. Mujer, 40 años, atractiva, elegante, pelo liso muy negro, flequillo, alta, delgada, chetona. Subte D.
-19:30 hs. Libro de tapas duras, rojas, de Harold Robbins. Hombre, 25 años, cabellos cortos, barba al ras, emocionado con la lectura. Colectivo 141.
-08 hs. "Gente tóxica", de Bernardo Stamateas. Muy rubia, 30 años, flaca, en la parada del subte D.
-07:55 hs. "El palacio de la luna", de Paul Auster. Morocho, 38 años, alto, bien peinado. Subte A.
-12:41 hs. "La maldición del ángel", de Isabel Allende. Mujer rubia, 30 años, alta, regordeta. Parada del subte B.
-08:50 hs. "La maldición del ángel", de Isabel Allende. Hombre, 50 años. Pálido, de aspecto muy pulcro y educado. Leía parado. Subte C.
-08:55 hs. "La isla bajo el mar", de Isabel Allende. Mujer, 30 años, delgada, 1 metro 50 y castaña. Leía parada.




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viernes 30 de octubre de 2009

"Indios en rebelión", de Néstor Taboada Terán


Centro Editor de América Latina, Bs. As. 1972.


En 1952 hubo en Bolivia una revolución: reforma agraria, sindicatos que encuentran posibilidad de concretar reformas, persecución de los ricos y repartición de sus bienes entre la gente, etc. Se otorgó el voto a los analfabetos, a las mujeres, se nacionalizó la minería, etc.
Y lo mejor, los milicos fueron a parar a las cárceles y el ejército se conformó por obreros y campesinos pro MNR.
Y también, la dirigencia revolucionaria se erigió en una nueva clase social que controló a su capricho a los bolivianos. El gobierno estuvo a cargo del famoso MNR.
El poder obtenido a la fuerza, se conserva con la fuerza, etc.
Los ricos terratenientes, claro, solo perdieron levemente sus privilegios. Digamos, cien mil hectáreas de tierra que poseían, “donaban” tres o cuatro mil a la reforma agraria. Y de esas tres o cuatro mil hectáreas, solo cien iban a los campesinos, pues el resto quedaba en la dirigencia; ergo los campesinos se comían a dentelladas por un puchito de tierra.
Estas peleas entre campesinos e indígenas constituían un gran entretenimiento para los políticos y capos del gobierno. En la orgía revolucionaria, ellos observaban bebiendo chicha el baile de los degollados.
Pero, como se sabe, el ritmo de la muerte carga con los compases de la vida. Y estos compases, la chicha, el amor, la religión, las comidas, idiomas, hablas (?), tinkus, los pinta Taboada Terán, un escritor boliviano bastante apuesto y elegante.


“Indios en rebelión”, decíamos, 120 páginas. Ocho relatos, que son los siguientes.
“De víctimas y victimarios”. Visitan al escritor indígenas que quieren que les escriba un artículo acerca de la explotación que sufren porque...

«-En el Ministerio de Asuntos Campesinos nos han dicho que si queremos charlar con el compañero presidente debemos llevar al palacio una medalla de oro para obsequiarle o sino presentemos un memorial que hable de nuestras quejas con la firma de un abogado que tenga pagados al día sus impuestos. El doctor que es abogado nos ha hecho aquel escrito y en las oficinas lo han archivado diciendo que tiene que tramitarse por orden regular. Hemos visitado el Diario, la Nación y la Última Hora y en todos esos periódicos nos miran waychu qharita jina (como hombres raros) y a veces nos hechan a empellones...»

(Pág. 9)

El personaje narrador, que bien puede ser Taboada Terán, está escribiendo una novela cuando es interrumpido por los indígenas. Nota, con cierto cariño, el tufo que emana de sus cuerpos. Al cabo escribe el artículo y resulta un éxito. Consiguen cita con ministros. Reemplaza a las autoridades que les estaban haciendo la vida jodida.
Pasa el tiempo y, como era de esperarse, los mismos indígenas que vinieron por el primer artículo vuelven por otro, ya que las nuevas autoridades se comportan de misma manera, o peor, que las anteriores.
Ergo, les va mal a los indígenas. No hay qué hacerle.
En el segundo relato un vivo vende un cañón inservible a una organización indígena, aprovechándose de su ingenuidad. En el tercer relato una cárcel de presos políticos (lleno de jerarcas del régimen anterior) será visitada por una comitiva yanqui pro-derechos humanos, por lo cual se organizan ciertas reformas. En el cuarto una mujer que no tiene hijos reza plegarias y consigue que un vago la preñe, mientras el marido se extasía de chicha por ahí; por supuesto, el vago le dice que es enviado de Dios y todo eso, lo cual es un gran verso, por cierto, y funciona, si no pregúntenle a José. En el quinto relato un niño se hace adulto de golpe, cuando el padre muere de una golpiza que le dan unos politiqueros traicioneros.
Y aquí viene el mejor, en mi humilde opinión. ¡Y or y on! Salió una rima barata. “El tinku de laimes y jucumanis”, llámase el cuento. El tinku es una actividad recreativa que consiste en propinarse piñas hasta morir, en los paisajes montañosos de Bolivia. Dos etnias se encuentran y se cagan a palos, capturan a los enemigos heridos y se beben su sangre y se comen sus testículos y penes. Una actividad que, por cierto, hubiera disfrutado Sade. Y demás está decir que harían programas de tv con mucho rating. Se sigue practicando, al parecer. En fin, a lo que iba, en el cuento se enfrentan laimes y jucumanis y escandalizan a los vecinos. Son denunciados a las autoridades revolucionarias por promover la barbarie gratuita. Entonces los líderes de ambos bandos son citados por el ministro indígena. Y este les dice, entre otras cosas, que ya no son niños y que en Bolivia no se puede seguir con semejantes tonterías. Y les dice más, mientras los líderes de ambos bandos agachan, avergonzados, la cabeza. El ministro indígena sigue perorando y en un momento se enfada tanto que saca el cinturón y empieza a azotarlos con él. Los líderes indígenas se espantan de su salvajismo y huyen despavoridos por los rincones de la sala donde están. El ministro indio sigue gritando y dando cintarazos hasta que un secretario entra a la habitación y etc. Genial. Un humor magistral, delicado, encantador. Taboada escribió un hermoso cuento que pasa del terror al grotesco, y de ahí al sinsentido beckettiano sin contemplación. Y termina en boca de la autoridad, cuando el secretario le ofrece agua para descansar:
«-¡No, no! –rectificó el desfalleciente-. Prefiero, compañeroy, un vasito de chicha. Rabiachiwancu. Me han hecho enfadar estos facinerosos.
Hay un par de cuentos más en el libro. Y valen la pena. A la herencia de Vallejo y Arguedas, la literatura de Taboada le agregó humor.
Saludos a Evo.




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miércoles 21 de octubre de 2009

"Zoia Andréievna", de Nina Berberova


«Desde el primer momento en que Zoia Andréievna había llegado a aquella casa, ambas habían sentido que la vida que hasta entonces habían estado llevando se había visto perturbada. Intuyeron que habían caído, probablemente, en una zona de la existencia, que en medio del movimiento general, de la inquietud general, les había llegado el momento de vivir, de actuar. Todo lo que las rodeaba estaba a la espera de un final, y por lo tanto también ellas se dispusieron a esperar. Algo les decía que no eran solo dos, ni tres, ni cuatro; que eran infinitas en innumerables las mujeres que blandían agujas o espumaderas, y que se encontraban presas de una sed generalizada de odio y destrucción.»

"Zoia Andréievna", de Nina Berberova. Plaza & Janés, 1988. Traducción de Selma Ancira. Págs. 57 y 58.


Este párrafo es particular; primeramente por la osadía de conjugar (reprobable al traductor, quizá, o bien a la misma escritora) cuatro veces el verbo haber en un solo párrafo, dejándolo extravagante y cacofónico, y segundamente porque aquí se resume la trama del libro y una visión de la vida de la rusa. Las mujeres son tan jodidas como la guerra, muestra la autora, pues son las que más saben de la guerra por estar permanentemente en un estado similar a la pasión bélica. Una revolución es una cosa fea, pues uno pierde posesiones y cuesta un montón conseguir cosas como maquillaje o buenos camarones. Esto hace que durante una contienda se creen variedad de historias paralelas. Nina nos cuenta una así, de una tipa ricachona pro-ejército blanco, ex-rica, que viene huyendo de su ciudad sitiada por los boches, y termina en un pueblo transitorio y allí enferma y caput. Pero antes de caput, se hospeda en una casa que se convirtió en hotel precisamente por las persecuciones de los ricos. Allí hay un estudiante temeroso de ser reclutado, único hombre: símbolo de masculinidad en tiempos guerra: miedoso, desgarbado, puramente egoísta, incapaz de ver lo que pasa alrededor de él. Y también cuatro mujeres: una pendeja endemoniadamente bruja, una viuda de mente corta, la hermana, puramente movida por la impresión que puede causar en su círculo de relaciones (el hotel, en este caso), y una chica con aires de puta rabiosa y llena de rabia por la vida que le toca, sin joyas y glamur y todo eso. Las cuatro mujeres se ponen a expresar toda su rabia hacia esta chica, Zoia, que se hospeda con ellas; viéndola como símbolo de lo que nunca pudieron alcanzar: libertad de movimiento, autosuficiencia, posición social, elegancia, etc. Y esta Zoia, es una ingenua que lo único que quiere es su amor, cuyo nombre no sabemos, pero que podemos asocias al antiguo bienestar económico y social de que gozaba antes.
Es un cuento lindo, no hay que decir. Es una narradora erotizante la Berberova. Y es apasionante, escribe con un corazón enojado e hipnótico. Habrá sido increíblemente atractiva. Bueno, quiero decir, si no fuera escritora, pues los escritores no se caracterizan precisamente por ser atractivos. Hay un par, es cierto, pero no hacen gran cantidad.
En fin, que Nina quedó enojada con los bolches porque le sacaron lo que tenía, plata quiero decir, pero al intentar escribir esta historia cometió el error de elegir personajes mujeres. Pues las mujeres son más jodidas que la guerra, eso todo el mundo lo sabe. O al menos es un rumor poderoso. Convincente.
En fin, hay que aclarar que las mujeres son más interesantes que la literatura.
Y también que no hay que decir seguido eso, pues podría mal interpretarse.
Digamos que la literatura de las mujeres es muy interesante.
¿Escribía en bombachas Nina?
Quizá se ponía el lápiz en la boca mientras se acariciaba un pezón, para inspirarse...





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